Comencé en este «enganchante» mundo de la bisutería haciendo un anillo de swarosvskis. El siguiente pasito fue aprender aprender a hacer pentabolas. Aunque hay cientos de tutoriales en Youtube, fue un lujo empezar en grupo con buen ambiente y buenas monitoras en un cursillo organizado por Donostia Kultura.

Estas fueron las primeras; las hice con bolitas de resina

 

De vez en cuando, me apetece volver a montar pentabolas porque dan mucho juego.

Descubrí enseguida que los nudos, cordones y abalorios son también una mina para disfrutar combinándolos.

 

En aquel cursillo conocí también la técnica del soutache, que parece haber sido fuente de inspiración tanto en la cultura popular como en la alta costura. A mí me encanta, así que uno de estos días vuelvo a ella.

A estos pendientes les tengo un especial cariño. Fueron los primeros soutache que hice.

Luego han ido viniendo otros:

 

El siguiente hallazgo fue el fimo. «¡Eureka! ¡Puedo hacer hasta las cuentas y crear las formas que quiera!»

Así salieron estos tres pares de pendientes en fimo

Y así sigo, totalmente enganchada y enganchando abalorios. Todos los que van llegando a mis manos, antes o después, encuentran su lugar en collares, pulseras y, sobre todo, en mi vicio, los pendientes.

Estos pendientes y los anteriores combinan bolas de silicona, que no pesan nada, con otros abalorios.

 

Perlas cultivadas y bolas volcánicas

Abalorios esmaltados

 

 

Pensando en materiales ligeros para pendientes largos, empecé esta serie de pendientes realizados con telas.

 

 

Paralalemante, empecé a disfrutar haciendo fotos a mis bisuterías para colgarlas en Instagram. Y una nueva satisfacción ha sido lograr sacar adelante esta página. Tras horas de ver tutoriales y de seguir el método prueba-error y más error, mi bebé da sus primeros pasos por este mundo tan estimulante.

Y la historia continúa y continuará, eso espero…